Retrato de Sergio Morero

retrato2Si, como generosamente imagina Sergio Morero en un párrafo de su autobiografía, he tenido el privilegio de ser uno de sus maestros, declaro que esa docencia es mutua.

Compartir tareas cotidianas en redacciones, a través de muchos años, comprobar el rigor profesional de su enfoque y disfrutar de sus notas – algunas de las cuales se reúnen en este libro – me ha permitido comprobar con cuánta justicia se le puede atribuir a Sergio la condición de persona. Una persona cabal, es decir, un hombre en quien el pensamiento, el sentimiento y la conducta son una sola cosa. Él posee, y enseña, la sólida convicción de que amar su trabajo, ejecutarlo lo mejor posible y contribuir así al bien común, es la mayor justificación de la existencia humana.

Morero encontró en el periodismo la vía para comunicar esa certeza, y lo ha ejercitado (lo sigue ejercitando desde la cátedra) con probidad ejemplar. Como se aprecia en sus entrevistas, sabe ser incisivo y, a la vez, respetuoso; y es agudo observador de los menudos detalles, a veces imperceptibles para el no entrenado en el oficio, que revelan la intimidad del personaje cuya semblanza se diseña. Si aplicáramos esa misma facultad de observación al esbozo de su propio retrato, no podríamos dejar de advertir la crepitante chispa de humor que recorre invariablemente sus textos. La misma chispa que brota de sus ojos calmos, de sus inesperadas ocurrencias, de la risa profunda que suele sacudir el exterior macizo y formal con que Sergio enfrenta las contradicciones y los disparates de este confuso mundo.

Atento, como todo buen periodista, a una realidad que hoy se presenta cada día más oscura y compleja, Sergio no se ha dejado ganar por ninguna triquiñuela efectista, por la facilidad de los lugares comunes con que el periodismo trivial soslaya su responsabilidad de informar, reflexionar y advertir. Lo suyo es de veras, es de adentro, y es transparente como su mirada. Por si fuera poco, es también portador de la música, esa misteriosa irrupción en el tiempo, de algo que está más allá del tiempo y de las inevitables miserias de nuestra condición. Me atrevería a sospechar, en fin, algo que a Morero tal vez lo perturbe en su auténtica modestia: no sólo es una persona y un maestro, es un artista.

Ernesto Schoo

Published in: on 20 abril 2007 at 9:56 pm  Dejar un comentario  
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